sábado, 22 de enero de 2011

Español...La masonería no necesita idolatrar ni mitificar para justificar su sentido y vigencia en este siglo XXI




¿Requiere la masonería, para justificar su vigencia y sentido en este siglo XXI, reforzarse en sus idolatrados y mitificados masones históricos?

¿Requiere la masonería, para justificar su vigencia y sentido en este siglo XXI, ampararse en su controvertida historia y en sus leyendas rosas?

La idealización y la mitificación en la masonería llevan un prejuicio epistemológico incrustado. Muchos masones no somos conscientes de las desventajas que representan el aceptarlas sin más y el percibirlas como si formaran parte del orden natural de las cosas. A menudo, nos olvidamos que son una invención construida en un contexto histórico y de acuerdo con determinados intereses.

El aceptarlas sin más hace que sea más difícil un verdadero renacimiento de la masonería.

La idealización y la mitificación anula nuestro sentido crítico y no sólo tienen una importante influencia en nuestra manera de concebir y vivir la masonería: distorsionándola; sino también en la configuración de la misma y en las expectativas y exigencias que asumimos.

Toda esta idolatría y mitificación nos hacen confundir el Arte Real, sus rituales y símbolos con lo que representan, al ser incapaces de elevarnos hasta su significación a través de la inteligencia emocional.

Cuando no sé viven los rituales y los símbolos más que de una forma mecánica, su razón de ser y su eficacia desaparecen; los símbolos ya no son más que una imagen vana objeto de culto, y su conservación no es más que una mera superstición.

La masonería en este siglo XXI no necesita, para justificar su sentido y vigencia, reforzarse en sus idolatrados y mitificados masones históricos, ni ampararse en su controvertida historia y en sus leyendas rosas.

La masonería en este siglo XXI justifica su sentido y vigencia en el “beneficio” del Arte Real, como verdadero método de construcción personal, teniendo por objeto la búsqueda de la verdad.

La masonería no necesita idolatrar ni mitificar para justificar su vigencia.