domingo, 26 de diciembre de 2010

Español...¿Deberíamos dotar a nuestras logias con un detector de metales?


En masonería la noción de sagrado nos permite a los hermanos masones trabajar espiritual y moralmente en una separación con lo profano.

Como espacio sagrado, el templo masónico, es un recinto donde somos nutridos en un nivel profundo de nuestra conciencia. Un espacio sagrado que nos dispone para buscar la Sabiduría, la Belleza, y la Fuerza dentro de nuestros condicionamientos y relatividades, al mismo tiempo que nos otorga la seguridad suficiente para abrirnos y recibir la energía de la vida a través de la fuerza creativa pura, al debastar nuestra propia piedra bruta.

Este espacio sagrado no existe “per se”, ni “ex nihilo”. Siendo mucho más que un lugar físico se crea de nuevo en cada tenida, limitado por la apertura y el cierre de los trabajos en logia.

De ahí la importancia de “sacudirse los metales” en la zona de pasos perdidos, “ad portas”, antes de entrar en el Templo. Sin este “ejercicio” no nos será posible sacralizar ni el espacio físico, ni nuestros trabajos; y tanto nos dará “reunirnos” en el interior del templo como en la zona de pasos perdidos, sin hallar mayor diferencia que la decoración y la distribución de los hermanos en el recinto.

“Sacudirse los metales”, en la zona de pasos perdidos, es “conditio sine qua non” para sacralizar nuestros trabajos en logia, ya que los metales pueden llegar a tener tal fuerza que logren distorsionar y desplazar el sentir de lo masónico.

Como medio de seguridad para garantizar que lograremos abandonar el mundo profano y crear un verdadero espacio simbólico y sagrado en las tenidas ¿deberíamos dotar a la Logia con un detector de metales, con pitido y vibrador?

No, no será necesario tal dispendio. Existen a nuestro alcance otras herramientas y técnicas que podemos utilizar en esta empresa de “sacudirnos los metales”.

Casi todos los métales se oxidan y fragmentan con la exposición al aire. La técnica es simple, consiste en una introspección verdadera y a conciencia de nuestros pensamientos, actitudes y emociones. De esa manera es posible atacar los metales ahí cuando aparecen para empujar, con su presencia, hacia lugares diferentes que no queremos transitar. Una introspección verdadera que debe estar en comunión con los valores de la masonería.

El problema está en que algunos hermanos se lo ponen difícil a la “Verdad”, quizá porque desconocen que la llevan incorporada.

Prepararnos en la zona de pasos perdidos, “ad portas”, “sacudiéndonos los metales” y sustituyéndolos por la empatía, la gratitud, el perdón, la serenidad, y la construcción de nuestro propio templo es más que necesario si con la apertura y cierre de los trabajos en logia queremos sacralizar tanto el espacio psíquico como físico, a través del ritual y los símbolos masónicos.

“Sacudirse los metales”, en la zona de pasos perdidos, es “conditio sine qua non” para sacralizar nuestros trabajos en logia.