domingo, 26 de junio de 2011

Español...No somos hijos de los antiguos constructores de catedrales



Q.·.H.·. Hermes, siento desilusionarte respecto a tu comentario, pero, no, no somos hijos de los antiguos constructores de catedrales.



Nosotros los denominados masones actuales no somos la continuidad de aquella asociación de origen medieval, creada y estructurada para regular y mantener el control de su oficio y actividad económica; respondiendo, básicamente, a una necesidad de proteger sus conocimientos, su “mercado” y sus propias situaciones.



Nosotros los denominados masones actuales no construimos catedrales, ni conocemos los materiales, ni las técnicas, ni los procesos, y tampoco los necesitamos para obtener el beneficio de la Masonería del siglo XXI.



Y a pesar de la herencia cultural y el enlace histórico entre la Masonería Operativa y nosotros los masones del siglo XXI, a través de la simbología y rituales, a pesar de ello, no podemos reconocernos históricamente con los gremios medievales, ni con su entorno físico, social, político, cultural, ni siquiera con el espiritual.



Nosotros, los masones actúales, somos hijos de otra Masonería, la Especulativa. Creada cuando, conservando la simbología y los rituales de los antiguos maestros canteros, sustituye la construcción de catedrales por la construcción de la humanidad: TRANSCENDIENDO A LA MASONERIA MEDIEVAL.



A partir de ese momento, del nacimiento de la Masonería Especulativa, tanto los estatutos, como sus grados (aprendiz, compañero y maestro), la duración de cada grado, sus edades, el funcionamiento de los talleres, los salarios, los compromisos, así como sus símbolos y rituales, sólo tienen valor desde su aspecto SIMBÓLICO y FILOSÓFICO. Desde la fuerza que tiene el lenguaje metafórico para modificar nuestras conciencias, para esculpir nuestra propia piedra bruta, y con ello, contribuir a la construcción de la humanidad.



Consecuentemente, y a pesar de las diversas fuentes de las que han bebido tanto la Masonería Operativa como la Especulativa, para conformar su simbología y rituales, tampoco somos hijos de los constructores mesopotámicos, ni de los antiguos egipcios, ni de los grecorromanos.



Más aún, encontrando en las culturas de la antigüedad simbología, ritos iniciáticos y alguna clase de organización semejante a los gremios medievales, ninguna de las masonerías, ni la operativa ni la especulativa, se remonta más allá de la Edad Media y de la Edad Moderna, respectivamente. Por mucho romanticismo que queramos otorgarle a los origenes de la Masonería, no podemos buscar nuestro nacimiento más allá de la Edad Moderna.



Q.·.H.·. Hermes, en verdad, para un “Renacimiento de la Masonería”, los hermanos masones necesitamos conocer la historia de la Fraternidad Universal. No como una simple recopilación o acumulación de símbolos, rituales, hechos, constituciones, masones ilustres, tratados diplomáticos, y mucho menos como una “justificación” de lo que queramos creer o entender como Masonería. Requerimos un conocimiento de la historia de la Masonería en sus conexiones con otros aspectos humanos y sociales, en su evolución y en su controvertida realidad.