domingo, 5 de septiembre de 2010

Español…¿Puede cualquier Maestro Masón ocupar el Oficio de Segundo Vigilante?



Los símbolos y los ritos de los antiguos maestros canteros no favorecen, por si mismos, la vida espiritual ni el autoesclarecimiento, y mucho menos la construcción de nuestro propio templo. Los símbolos y ritos no tienen un poder intrínseco para “esculpirnos”, a no ser que con nuestro interés en seguir el mensaje del acróstico V.I.T.R.I.O.L. los dotemos de verdadero sentido y carga emocional al comprender su relación con nuestra propia naturaleza y vivencias, mientras experimentamos y sentimos el proceso integral de la vida.

La repetición, la memorización, el hábito y la vivencia mecánica de los símbolos y rituales masónicos hacen la mente perezosa. La inteligencia de un “masón vocacionado” no tiene nada que ver con aprobar exámenes, ni con acumular conocimientos de un modo descriptivo y abstracto. El trabajo del Masón se vivencia con la “inteligencia emocional”, la única capaz de despertar nuestra propia conciencia.

El “masón vocacionado” sabe que su propia “piedra bruta” puede hablarle a través de esos maravillosos caminos que se conforman con sus pensamientos, sus sentimientos y sus emociones; los cuales, como termómetros, si sabe prestar atención, le van a revelar su verdadera morfología.

Para un “masón vocacionado” tomar conciencia de sus propias emociones implica una “inteligencia emocional” desarrollada.

El “masón vocacionado” sabe del impacto y poder que tienen el lenguaje de los símbolos y las metáforas cuando se les dota de verdadero sentido y carga emocional.

De ahí la importancia de la formación de los Hermanos Aprendices, al inicio de su “camino masónico”, sobre cómo “llenar” y “vivenciar”, por si mismos, los símbolos y rituales con ese “algo propio” nacido de su necesidad sincera y real de autoesclarecimiento ; de ese “algo propio” generado en sus respuestas personales, proactivas y plenas a la vida; de ese “algo propio", resultado de su modo de estar en el mundo.

Como todos sabemos la instrucción de los Hermanos Aprendices recae en el Hermano Segundo Vigilante, encargado de organizar la formación de los mismos. El Hermano Segundo Vigilante debe ser un guía espiritual en el sentido más amplio de la palabra. Sin ser nunca un gurú o un pastor, debe ayudar a cada Hermano Aprendiz a encontrar la llave para abrir su mundo espiritual.

Éste debe saber valorar las actitudes de los Hermanos Aprendices y sacar lo mejor de cada uno de ellos, conocer como ayudarlos en cada caso, dependiendo de las situaciones que tengan que superar; acompañándoles , de un modo sutil, en su despertar a nuevas conciencias.

El Hermano Segundo Vigilante, como responsable de la instrucción, debe estimular al Hermano Aprendiz a “vocacionar” su interés por la masonería siguiendo el mensaje del acróstico V.I.T.R.I.O.L. y a visualizar el beneficio del “Arte Real”; sin lo cual no tendrá ninguna posibilidad de formar parte de ese “HOMBRE NUEVO” y “EVOLUCIONADO” que se conforma mágicamente con “EL HOMBRE INICIADO”. Renunciando, por ello, a participar en la construcción de un “nuevo mundo”, levantando su propio Templo.

¿Puede cualquier Maestro Masón ocupar el Oficio de Segundo Vigilante? Por poder, puede, pero no debería por el bien de la Logia y de la Masonería. Según sea el Maestro Masón así será su trabajo al ocupar el Oficio de Segundo Vigilante, cabiendo la posibilidad, a medio plazo, de configurar la Logia con mandiles sin el masón correspondiente.

Si el Hermano Segundo Vigilante no ha recibido una instrucción correcta, si no ha “vocacionado” su interés por la Masonería, si no ha visualizado el beneficio del “Arte Real”, si no ha desarrollado su “inteligencia emocional” ¿qué puede enseñar, salvo el conocimiento mecánico en el que se le ha instruido?

Es realmente sorprendente que los Maestros Masones puedan ocupar el Oficio de Segundo Vigilante y convertirse en instructores de Hermanos Aprendices sin haber recibido instrucción alguna que les prepare para esta tarea de tan suma importancia. Si el Hermano Segundo Vigilante es ciego, ¿podrá ayudar a los Hermanos Aprendices a seguir el camino del acróstico V.I.T.R.I.O.L.?

La verdadera instrucción de un Hermano Aprendiz empieza por el instructor: el Hermano Segundo Vigilante, que deberá conocerse a sí mismo y estar libre de patrones y vivencias mecánicas sobre el “Arte Real”. Más aún, enriquecido con su propio seguimiento y vivencia del acróstico V.I.T.R.I.O.L., a través de la "Luz" que refleje, seducirá a los Hermanos Aprendices al igual que nos seducen los reflejos de la luz del sol sobre las corrientes cristalinas y las piedras pulidas de los arroyos.

Si vemos la verdad de esto, nos daremos cuenta de lo importante que es empezar por formarnos debidamente, todos los Hermanos de una Logia, como eternos aprendices. Ocuparnos de nuestra propia reeducación masónica, “vocacionándola”, es mucho más que necesario y urgente si no queremos configurar nuestras Logias con “Mandiles sin Masón”, llevándolas a una mera asociación dónde no se percibe ni de lejos el beneficio del “Arte Real”.




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