domingo, 29 de agosto de 2010

Español…¿Dónde se genera el verdadero poder de la Masonería?


En una publicación anterior compartí con todos vosotros la reflexión sobre cuál era la “formación básica” para un Masón, concluyendo que está formación debería ayudar a cuestionarnos cómo “llenar” y “vivenciar”, por nosotros mismos, los símbolos y rituales con ese “algo propio” nacido de nuestra necesidad sincera y real de autoesclarecimiento ; de ese “algo propio” generado en nuestras respuestas personales, proactivas y plenas a la vida; de ese “algo propio", resultado de nuestro modo de estar en el mundo.

El “Arte Real”, como método de autoesclarecimiento, como camino de construcción personal, actúa a través de los símbolos y ritos de los antiguos maestros canteros y, careciendo la Masonería de gurúes, será la “calidad” y la “sinceridad” de ese “algo propio” la única garantía posible de éxito.

Sin ese “algo propio”, sólo obtendremos una mera y descriptiva acumulación de conocimientos sobre los símbolos, metáforas y rituales masónicos; y, como mucho, una mecánica y “Light” vivencia de los mismos, sin beneficiarnos del impacto y poder que tienen el lenguaje de los símbolos y las metáforas para configurarnos, mientras trabajamos degradando nuestras oscuridades, en una constante búsqueda de la verdad que tiene su cúspide en la utopía de la “ILUMINACION”.

He aquí, donde encontraremos el verdadero poder de la Masonería, del “Arte Real”: en el impacto e intensidad emocional de los símbolos y las metáforas masónicas; en las modificaciones de nuestra estructura neuronal causadas por esas emociones y sentimientos capaces de “esculpir” nuestra propia piedra, capaces de "construir" nuestro propio templo.

“Muchos queremos cambiar el mundo, que el mundo mejore. Pero pocos estamos dispuestos a empezar por donde únicamente puede empezarse: CAMBIARSE A UNO MISMO.”

Por ello, Q:.H:.,si estás tomando las riendas de tu propia existencia con sinceridad y proactividad, si ves la necesidad de seguir la utopía de la “iluminación, si has vocacionado tu interés por la Masonería; si es así, habrás comprendido, no sólo dónde reside el poder de la Masonería, mejor aún, sabrás dónde vas a encontrar tu recompensa: EN EL EJERCICIO DE TU VOCACION.


jueves, 26 de agosto de 2010

Español…¿Podría llegar a ser Masón el mitológico Narciso?


Después del periodo vacacional, retomando las publicaciones, os hablaré sobre la ocurrente y graciosa reflexión que me despertó releer el tercer libro de “Las Metamorfosis” (Metamorphoseon, en latín) del poeta romano Ovidio, nacido como Publius Ovidius Naso en Sulmona, un mes de marzo del año 43 a.c.

En este tercer libro de “las Metamorfosis”, Ovidio, nos relata el mito de Narciso (en griego Νάρκισσος), ese joven de la mitología griega conocido por su gran belleza y por su muerte y renacimiento en la flor que lleva su nombre: un día sintió sed y acercándose a beber a un arroyo, quedó fascinado por la belleza de su reflejo, por lo que no se atrevió a beber por miedo a dañarlo, e incapaz de dejar de mirarlo, murió contemplando su propia imagen. Y la flor que lleva su nombre creció en el lugar de su muerte.

Al releer este relato mitológico, inopinadamente, y de un modo simpático, me pregunté si, en el caso de haber conocido la Masonería, el mitológico Narciso, hubiera llamado profanamente a las puertas de alguna Logia, solicitando su ingreso. Más aún, siendo iniciado, ¿cómo habría vivido su camino masónico?

¿Creéis vosotros que el personaje de la mitología griega, Narciso (en griego Νάρκισσος,) podría, como hermano, formar parte de la Masonería?

Mi cuestionable opinión tiende a responder afirmativamente: ¡Sí!

Para completarlo os diré que desde el punto de vista psicológico una parte de la conducta de Narciso se podría aludir a una serie de rasgos propios de la personalidad normal, como una faceta necesaria en el desarrollo de la misma. Algunos psiquiatras y psicólogos hablan del beneficio de una razonable cantidad de narcisismo sano, que no es el caso de nuestro Narciso.

Nuestro Narciso, en su extrema naturaleza, tiene y vive su visión de las cosas como el patrón al cual el mundo debe someterse. Hay en Narciso una inagotable sed de admiración y adulación, incapacitándolo para poder reflexionar y valorar serenamente la realidad. Vive más preocupado por su actuación, en cuanto al efecto teatral y reconocimiento externo de sus acciones, que por la eficacia real y utilidad de las mismas. Y poseyendo, quizá, una aguda inteligencia, la obnubila por su visión grandiosa de sí mismo y por su hambre de reconocimiento.

¿Creéis vosotros que podríamos encontrar a nuestro mitológico Narciso trabajando en alguna de nuestras logias? ¡Sin duda alguna!

No necesito explicaros como nuestro Narciso podría vivir su “Camino Masónico”. Si os diré que Narciso no podrá, por su personalidad, vivir los Ritos más allá de un acto mecánico. Quedando la simbología en una mera descripción, incapaz de poder vivir los trabajos iniciáticos. Sin embargo, todas estas desventajas (que nuestro mitológico Narciso no considerará) las compensaría con otros aspectos más acordes con su visión y necesidades: las necesidades de Narciso.

Y ahora os cuento lo que me he callado durante todo el relato, reservándolo para el final: Narciso era hijo de la ninfa Liríope de Tespia, que preocupada por el futuro de su hijo, consultó con el adivino ciego Tiresias, uno de los adivinos más celebres de la mitología griega. Tiresias le vaticinó que Narciso viviría hasta una edad avanzada mientras nunca se conociera a sí mismo.

Es fácil comprender que Tiresias no se refería a las palabras inscritas en la puerta del templo de Apolo en Delfos: “conócete a ti mismo”, y mucho menos, por razones de espacio y tiempo, a la invitación del acróstico V.I.T.R.I.O.L.; sino a una “vida” sin un real y verdadero interés hacia el exterior de sí mismo, hacia otras realidades, hacia la “verdad”. Y así, “encantado de conocerse”, muere de sed incapaz de alejarse de su propia imagen e incapaz de profanar la quietud del agua, por miedo a que su visión desaparezca.

Nuestro mitológico Narciso, por su personalidad extrema, aún pudiendo perseguir sus intereses ingresando en la Masonería, no podría seguir la invitación del acróstico V.I.T.R.I.O.L.: su fin es convertirse en flor.

Sin embargo, quedaría la esperanza de que, quizá, a partir de un primer destello de luz se planteara incorporarse al camino del "autoesclarecimiento", empezando por agitar las quietas aguas del estanque donde se refleja su imagen.

Consecuentemente, nuestro Narciso, habiendo pasado por el ritual de iniciación, "acumulando" grados y una "carrera" masónica, no alcanzará, por no haber agitado las aguas de su estanque, formar parte de ese hombre nuevo y evolucionado que se conforma con el "hombre iniciado", con el "Masón vocacionado".

Ya veis como el verano genera relaciones y conexiones extrañas, pero simpáticas.


 

jueves, 17 de junio de 2010

Español...sobre la importancia para un Masón del primer "destello de luz".


En una publicación anterior titulada, “SER” Masón: Una necesidad vocacionada”, hablaba de “un primer destello de luz” que como una “bendición” y un “primer despertar” nos lleva a una “nueva conciencia ampliada”, la cual nos “emplaza” en el camino de la utopía del “autoesclarecimiento”, del “hombre iluminado...”

Sin este “primer despertar” ningún Hermano Masón, por muchos años que llevemos en la Masonería, podremos conseguir captar la esencia y el significado del mayor “beneficio” del “Arte Real”.

Copio textualmente un fragmento de la anterior publicación, “SER Masón: Una necesidad” vocacionada: “Y a raíz de esa bendición, de ese primer destello de luz, mediante “respuestas personales, proactivas y plenas a la vida” (*), alcancemos a evolucionar desde el “homo sapiens sapiens” “el resabut” hasta el “hombre iniciado”, el “homo initium”. Orientando y equilibrando nuestras vidas, mientras degradamos nuestras oscuridades, en una constante búsqueda de la verdad que tiene su cúspide en la utopía de la “ILUMINACION”.

Todos los seres humanos vivimos experiencias que nos producen cambios en los planos vital y psicológico. Experiencias calificables de “iniciáticas”, pero, no es suficiente para hablar del “Hombre Initium”; y, por ello, tampoco del Masón.

Todos los seres humanos pasamos de un modo natural por este tipo de “experiencias iniciáticas”, sin embargo no todos los seres humanos llegamos a percibir ese “primer destello de luz”, esa “gracia”, a partir de la cual nace la “nueva conciencia”, y a partir de ese momento el “bendecido” ya no necesita esperar esas “experiencias” que nos golpean, abatanan y zarandean, para “continuar despertando”. Desde ese instante el “bendecido” se convierte en “vocacionado” al emprender el proceso de despertar voluntariamente. El “bendecido” ya está preparado para un crecimiento interior radical y profundo.

Métodos hay, de oriente a occidente, brindándonos caminos hacia la “ILUMINACION”. Entre ellos, nuestro respetado método masónico: el “ARTE REAL”, a través de sus Rituales y simbología.

Así es, el “bendecido” al emprender “voluntariamente” el proceso de despertar tiene en la Masonería un “Arte” o “método” para trabajar en su utopía, viviéndolo en Fraternidad.

Como la “verdad” es “inseparable de lo que somos”; solo, “desbastando “y “puliendo” nuestra “propia piedra bruta”,la metáfora y la simbología del acróstico V.I.T.R.I.O.L. y, con ellas, toda la simbología y ritualística de la Masonería tendrán su sentido de “SER”.

Cuando califico ese “primer destello de luz” como una “BENDICION”, hablo desde la percepción del “bendecido”, no como una diferenciación entre “bendecidos” y no “bendecidos”, sino como la percepción de un “regalo”. Es decir, el “bendecido” lo percibe pensando: “menos mal que me ha sucedido”, “cómo podía estar tan ciego”….

Hablo como la percepción de una “gracia” que podría haber, o no haber, pasado.

Lo más esperanzador de toda esta publicación es que ese “primer destello de luz”, y con él la “gracia” y la “bendición”, puede llegarnos a través del ejemplo y la intensidad de la “luz” que reflejen otros Maestros Masones, algo así como el efecto de hacer “la ratita” con el espejo de nuestro propio nivel de “autoesclarecimiento”.


domingo, 6 de junio de 2010

Español...¿Suena el Simbolismo Masónico a “HUERO”?


Esta mañana, mientras compartía un café, en la plaza del Collado de Valencia, con mi Q:.H:. Remo, éste, sabedor del tema sobre el que estoy trabajando: la interrelación de los símbolos y Rituales con nuestros trabajos “iniciáticos”, me ha presentado y leído un texto sobre “el simbolismo masónico” que al parecer un Q:.H:. “decepcionado por la Masonería”, o quizá, y seguramente lo más probable, “bloqueado” y “confundido” por no haber podido visualizar “LA VIGENCIA Y EL SENTIDO DE LA MASONERIA EN ESTE SIGLO XXI (e.v.,)”, ha escrito y “colgado” en su blog de Internet.

Desde mi percepción, este Q:.H:. al escribir su texto, aún por oposición, continúa preguntándose por el “beneficio de la Masonería”, buscando lo que no ha podido encontrar durante su permanencia activa en ella. Buscando lo que no ha podido visualizar “por sí mismo”, o a través del ejemplo y el “reflejo de luz” transmitido por los QQ:.HH:. con los que ha compartido trabajos. Y, como de todo hay en nuestra “Fraternidad Universal”, también es presumible que haya ido a parar a una de nuestras “Logias” donde los mandiles carecen del masón correspondiente, y dónde los “trabajos iniciáticos” y el “beneficio del Arte Real” no suenan ni a “chino”, porque, en realidad, no suenan. Y, si suenan alguna vez, también cabe que no se tenga muy claro el significado y dimensión de lo que se califica como “rituales y trabajos iniciáticos”.

Con esta actitud, de mi parte, de “advocatus diaboli” hacía el escrito de este “Q:.H:. Decepcionado”, he sorprendido a mi Q:.H:. Remo; el cual, ingenuamente, esperaba me rasgara las vestiduras mostrando indignación, tal como un “Caifás ante las palabras de Jesús”. No me ha costado mucho esfuerzo hacerle venir sobre mis razones, ¡era de cajón! ¡Es decir, evidente y lógico!

Este “Q:.H:. Decepcionado”, con un buen bagaje cultural, hablaba sobre el simbolismo masónico fundamentado en los símbolos “que utilizaban los constructores de catedrales”. Y, los puntos del texto donde se supone debía haberme “molestado”, “irritado”, “indignado” o “soliviantado” eran, entre otros: aquel en el que manifestaba que este simbolismo “suena a huero”, aquel donde decía que se tergiversa el concepto del simbolismo por el hecho de querer asignar al mismo una capacidad de “desvelar conocimientos inexistentes”; aquel donde amplia el adjetivo “huero” con nuevas connotaciones relativas a “valores trasnochados” como la perfección individual y, a partir de esta, la perfección de toda la humanidad, según él: “una utopía, como todas irrealizable”.

Vayamos paso a paso a lo largo de estas manifestaciones de nuestro “Q:.H:. Decepcionado”. En primer lugar, para aquellos que no conozcan o duden de su significado, aclararé que “huero”, aplicado en sentido no material, significa “que no produce nada sustancial, que está falto de contenido”, “hueco”, “vacio”.

Me disculparéis si a partir de ahora me repito a mí mismo, pero como las respuestas ya las he reflexionado en otras publicaciones, aprovecho para volver sobre las mismas.

Retomando si el “simbolismo masónico suena a huero”. No es difícil de imaginar la posibilidad de que este “Q:.H:. Decepcionado” haya vivido su “tiempo masónico” en un “ambiente masónico de superficialidad” donde la peculiar “vivencia masónica” de los símbolos de los constructores medievales y los “Rituales” no alcanza a ayudar a los QQ:.HH:. a sentir el proceso integral de la vida, a más de estimular el aprendizaje del “Arte Real”. Que este “Q:.H:. Decepcionado” haya trabajado en un “ambiente masónico de superficialidad” donde “todo”, a excepción de los trabajos “administrativos”, se reduce a una mera acumulación y repetición de datos y conocimientos sobre símbolos y rituales, sin llegar a crear esa especial y personal "liaison" con los mismos.

En segundo lugar, donde apunta que se tergiversa el concepto del simbolismo por el hecho de querer asignar al mismo una capacidad de “desvelar conocimientos inexistentes”. Si esa ha sido su percepción lo siento por él. No “Q:.H:. Decepcionado”, de ninguna manera. La Masonería no es “El Colegio Hogwarts de Magía y Hechicería”, ni nosotros somos “Aprendices de Mago” como “Harry Potter”, ni nuestros “viajes iniciáticos” los realizamos a bordo del “Expreso de Hogwarts”, ni tampoco salimos de viaje desde esa plataforma “Nueve tres cuartos (9¾)”, invisible a las personas que no poseen ojos mágicos y ubicada en la estación de King´s Cross. A los QQ:.HH:. Masones, tú entre nosotros, los símbolos y Rituales solo nos desvelan “conocimientos inexistentes” cuando tenemos “algo propio” con lo que llenarlos de contenido, solo entonces, estos pueden empezar a enriquecer nuestro proceso. Y la única plataforma “Nueve tres cuartos (9¾)”, invisible a las personas que no poseen ojos mágicos, es nuestra propia plataforma de trabajo “íntimo”, “secreto”, “místico” e “individual” que evoluciona mágicamente con nuestros “trabajos iniciáticos”. “Muchos queremos cambiar el mundo, que el mundo mejore, pero pocos estamos dispuestos a empezar por donde únicamente puede empezarse: CAMBIARSE A UNO MISMO”. Aquí tienes con el símbolo V.I.T.R.I.O.L. el primer ejemplo de cómo llenándolos de “algo propio”, estos símbolos, nos pueden “desvelar conocimientos inexistentes” en nosotros mismos, no al estilo del “colegio Hogwarts”, pero sí al estilo del beneficio del “Arte Real”.

En tercer, y último lugar, cuando hablas de “valores trasnochados” como la perfección individual y la perfección de toda la humanidad, según tú: “una utopía, como todas irrealizable”. Te diré que tienes razón, aunque los califiques de “valores trasnochados”. Efectivamente es una utopía, pero la belleza de la utopía no reside en lo que uno espera encontrar en un punto ideal de llegada. La belleza de la utopía “ES”, se manifiesta, nos envuelve y embarga, cuando en el tránsito hacia ese ideal, trabajamos orientando cada uno de nuestros pasos: ¡ESTO SÍ ES REALIZABLE!

“Q:.H:. Desencantado”, por el nivel cultural que se aprecia en tu texto, es de cajón que no has tenido la suerte de encontrar y recibir “luz” a través de los QQ:.HH:: que has frecuentado; y sin ese “mínimo destello” declinaras, por no ver el modo ni el “beneficio del Arte Real”, seguir el mensaje del acróstico V.I.T:R.I.O.L.

¡Qué hermosura, como “SEDUCEN” los reflejos de la luz del sol sobre la corriente cristalina y las piedras pulidas del arroyo!....... “Quien tenga oídos para oír, que oiga”.

Gracias “Q:.H:. Decepcionado” por la oportunidad de compartir contigo este intercambio de reflexiones.
Tu texto me ha venido como anillo al dedo. Confío no haberme repetido como el ajo en esta nueva publicación.

Un Triple Abrazo Fraternal

viernes, 28 de mayo de 2010

Español...¿Rituales y trabajos iniciáticos, hablamos todos de lo mismo?

¿A qué nos referimos cuando calificamos nuestros rituales y trabajos como “iniciáticos”?

¿Cuál es el significado y la dimensión que tiene o debería tener este adjetivo (iniciático) en nuestros trabajos como masones? Para darle mayor claridad a la pregunta podríamos reformularla de la siguiente manera: ¿Cuándo hablamos de “Rituales iniciáticos y de “Trabajos iniciáticos, estamos hablando todos de lo mismo?

La respuesta es un tanto obvia. Todos los hermanos conocemos básicamente el significado de “rito iniciático”: Desde los primeros albores de la humanidad hasta nuestros días, se han realizado, y se realizan, en todas las culturas una serie de ritos iniciáticos que funcionando como una marca de “paso”, de límite entre un antes y un después”, sirven para obtener una “status” diferente al anterior. Sea este el paso entre la etapa de niño y la de adulto, entre el estado civil de soltero a casado; o sea el ingreso en algún grupo o sociedad, en una cofradía, en una hermandad o en alguna “Gloriosa Tuna de cualquier Facultad Universitaria”, a través de sus “bromas” correspondientes y la entrega del jubón y la capa.

Efectivamente, la respuesta resulta un tanto obvia es este aspecto “social” de cambio de “status” que implica un “rito iniciático”. En masonería, este aspecto “social”, se podría resumir y simplificar con el “Rito de iniciación” y los rituales entre los distintos grados, donde a través de una serie de acciones y pautas con carácter simbólico uno pasa del status de “profano” a “masón y del status de un grado a otro. Con la entrega del mandil y atributos correspondientes. Desafortunadamente, en demasiados casos es sinónimo de una vivencia superficial de la masonería.

Sin embargo, donde se nos presenta la mayor dificultad de comprensión es en el aspecto “filosófico” del “rito” y del “trabajo” iniciático. Siendo, en verdad, este aspecto “filosófico” lo más real e importante de la Masonería, además de actuar como común denominador entre la gran variedad de “Ritos masónicos” y “Obediencias”, y, por ser el aspecto básico e imprescindible para poder hablar de “Arte Real”.

Sin buscarlo he anticipado la respuesta a las cuestiones que se nos plantean con estos dos aspectos de los “ritos iniciáticos”. Antes de contruir las preguntas os diré que la totalidad de estudiosos de la condición humana coinciden en definir la “iniciación”, en su aspecto “filosófico”, como “un cambio básico en la condición existencial”.

Las cuestiones se plantean como: ¿En Masonería, estos dos aspectos, el “social” y “filosófico” se dan a la par, son complementarios o uno de ellos tiene más peso frente al otro? ¿Podemos hablar de “iniciación” sin la presencia de uno de los dos?

Sí, efectivamente, podemos hablar de “iniciación” sin la presencia de unos de estos dos aspectos. Cuantos hermanos, a pesar de la carga emotiva y la sensación de una experiencia importante, habremos vivido los rituales sin ese aspecto “filosófico”, sin ese “cambio básico en la condición existencial”, quedando en un mero paso de un “Status a otro”: de “profano” a “masón, de “un tipo de mandil” a “otro tipo de mandil”, de una “denominación” a “otra denominación, de un “status social” a otro “status social”. Una experiencia no muy diferente a la vivida por un aspirante a tuno, que en una noche de bromas pesadas es aceptado en la agrupación musical y hermandad de estudiantes, como uno de ellos. Con la diferencia de que un tuno antes de pasar por el “ritual de iniciación”, de ingreso, ha demostrado que sabe, por lo menos, tocar la pandereta y dar saltos. Mientras que nosotros, los masones, omitimos, la mayoría de las veces, en las aplomaciones, y en los “exámenes”, la búsqueda de ese “masón sin mandil” en el aplomado o de ese “masón existencial” en el iniciado. ¿O quizá es que ni siquiera nos lo planteamos por pura “ignorancia masónica”?

Lo incuestionable es que solo el “ritual iniciático” y el “trabajo iniciático”, en su aspecto “filosófico”, son propios de la Masonería.

En Masonería, el aspecto “social” del “ritual iniciático”, en realidad, no existe sin el “filosófico. Mejor dicho, es “uno” con el aspecto “filosófico”, ya que por su vivencia simbólica hasta el “mandil” más “recargado” no tiene ningún valor por si mismo.

Sí, así es, como bien definen los estudiosos de la condición humana: “Un cambio básico en la condición existencial”.

Y, con la intención de dar más luz sobre estas “experiencias iniciáticas”, en su aspecto “filosófico”, os diré que todos los seres humanos pasamos, desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte, consciente o inconscientemente, natural o accidentalmente, por “experiencias” que en los planos vital y psicológico nos producen ese “cambio básico” en nuestra manera y modo de percibir la “existencia”. Por “experiencias” que van configurando nuestro cerebro y, por ello, nuestra personalidad.

Sin embargo, a pesar de que estas “experiencias” (” iniciáticas” al fin y al cabo) nos transforman y nos permiten reconocernos en los versos del poeta Pablo Neruda, cuando dice: “De tantas vidas que tuve de todas estoy ausente,..Y soy…a la vez soy… aquel hombre que fui”. A pesar de sentir, a través de estas” experiencias”, la metáfora de una “muerte” y un “renacimiento”. A pesar de todo ello, no podemos hablar de la existencia de una evolución hacia el “HOMO INITIUM”, el “hombre iniciado”: Hacia el Masón.

Estas “experiencias”, aún “modificándonos”, solo pueden transformarnos y conducirnos hacia ese “HOMO INITIUM” cuando van precedidas por un verdadero deseo de conocimiento, de transformación y evolución interior. Cuando, con una actitud personal, proactiva, plena y productiva, con una “atención plena”, nos atrevemos a “tomar las riendas de nuestra propia existencia, evitando resignarla a su suerte”.

Y, repitiendo lo expuesto en otras publicaciones, “cuando trabajemos orientando y equilibrando nuestras vidas mientras degradamos nuestras oscuridades, en una constante búsqueda de la verdad”.

Solo a partir del momento en que estemos dispuestos a buscar, de un modo “activo”, ese “cambio básico en nuestra condición existencial”, en “desbastar nuestra propia piedra bruta”, en dejar la ignorancia y la condición profana”…solo a partir de esa actitud nuestros trabajos en “masonería” podrán ofrecernos un “beneficio iniciático”. Solo a partir de ese trabajo que nos permite una “relación” crucial con nosotros mismos, con el mundo y la vida; solo a partir de esa “experiencia” podremos sentir que formamos parte de ese “HOMBRE NUEVO”, de ese “HOMBRE INICIADO”.

Y ahora, después de estas reflexiones ya me siento preparado para cuestionarme, en próximas publicaciones, otro de los puntos que distingue a la masonería de otros tipos de “asociaciones”: La simbología de los antiguos maestros canteros y como interviene en los “trabajos” y “ritos” iniciáticos de un Masón.



 

sábado, 22 de mayo de 2010

Español...¿Cuál es la formación básica para un Hermano Masón?


¿Cuál es la formación básica para un Hermano Masón?

Cuántas veces nos hemos preguntado en qué consiste el “Arte Real” (algunas veces designado “Método Masónico”) y si es cierto que por medio del mismo podemos seguir el mensaje del acróstico V.I.T.R.I.O.L.

Cuántas veces hemos dudado de nuestros trabajos "masónicos", de, si estos trabajos están realmente en sintonía con el “Arte Real”.

Y sobre todo, cuántos de nosotros nos hemos preguntado cuál es la “formación básica" necesaria para poder seguir y evolucionar a través del mismo.

Lamentablemente muchos masones hemos llegado a creer y a designar como “formación masónica” a la mera acumulación de datos y conocimientos sobre símbolos y rituales, los cuales pueden ser encontrados en cualquier libro o publicación, y por ello mismo, al alcance de cualquiera que sepa buscar.

¿Acaso esta mera y “descriptiva” “formación masónica” consistente en la acumulación de conocimientos nos capacita para conocernos a nosotros mismos? La respuesta es sencilla: ¡No, en absoluto!

¿Acaso la mera vivencia de los “Rituales”, consistente en una repetición, nos permite la interiorización del mismo, ayudándonos en nuestra transformación y evolución hacia el hombre “iniciado” que “orienta y equilibra sus “vidas”, mientras degrada sus oscuridades, en una constante búsqueda de la verdad que tiene su cúspide en la utopía de la “ILUMINACION”? La respuesta continúa siendo sencilla: ¡No, en absoluto!

La verdadera formación y vivencia masónica, a través de los símbolos de los constructores medievales y los diversos “Rituales” masónicos, al mismo tiempo que estimula el aprendizaje del “Arte Real” debe realizar algo mucho más importante: debe ayudarnos a los masones a experimentar, a sentir el proceso integral de la vida.

El Masón “sin formación”, o quizás deberíamos decir el Masón “ignorante” o “analfabeto” no es el que menos símbolos conoce, ni el que menos Rituales puede seguir, sino el que “no se conoce a sí mismo”. No por el hecho de no conocerse, sino porque no ha entendido como hacerlo, como realizar este trabajo, a través del “Arte Real”, de sus símbolos y Rituales.

La evolución y el trabajo “iniciático” solo llegan mediante el conocimiento propio, que es el darnos cuenta de nuestro proceso psicológico total, transformándonos a través de nuevas “conciencias ampliadas”. Y esa transformación solo es posible cuando comprendemos nuestro condicionamiento y nos liberamos de él.

Y, únicamente cuando tengamos “algo propio” con lo que llenar los símbolos y los Rituales de contenido, solo entonces, estos empezarán a enriquecer nuestro proceso.

Mientras que, el estudio de símbolos y el seguimiento de Rituales sin ese “algo propio”, solo nos conducirá a la “superficialidad”. Y continuaremos sin percibir, ni de lejos, el “beneficio” de la masonería, el valor del “Arte Real”.

No creo sea necesario resaltar que ese “algo propio” nace de una necesidad sincera y real de “autoesclarecimiento”, de una orientación honesta hacia la búsqueda de la luz.

Un Masón sin esta “necesidad” y adiestrado sin más es una mera descripción de símbolos y Rituales, está anclado en su pasado, y no está en condiciones de descubrir lo nuevo. No está en condiciones de vivir los trabajos “iniciáticos”, ni está en condiciones de recibir el mayor y más preciado regalo del “Arte Real”: “El autoesclarecimiento”.

Y, llegados a este punto, ya deberíamos conocer la respuesta sobre cuál es la “formación básica" para un Masón: La formación básica necesaria e imprescindible para un masón es aquella que nos enseña cómo "llenar", dando contenido, a los símbolos y Rituales con ese "algo propio".

En una próxima publicación continuaré reflexionando sobre esa especial relación entre uno mismo y los símbolos, como darles contenido, como interiorizarlos, permitiendo al “Arte Real” manifestarse en toda su “potencia” y “plenitud”.


lunes, 3 de mayo de 2010

Español /English /Français...G.A.D.U.



Español/English/Français

G.A.D.U.

ESPAÑOL: No trabaja el Hermano Masón para su propia gloria, ni la de su Logia, ni de la Masonería, sino por un ideal simbolizado por el GRAN ARQUITECTO DEL UNIVERSO.

ENGLISH: A Freemason does not work for his own glory, or for the glory of his Lodge, or for the glory of the Freemasonry, not even. But an ideal symbolised by the GREAT ARCHITECT OF THE UNIVERSE.

FRANÇAIS: Un Franc-maçon ne travaille pas pour sa prope gloire, ni pour la gloire de sa Loge, même pas pour la gloire de la Franc-maçonnerie, mais pour un idéal symbolisé par le GRAND ARCHITECTE DE L´UNIVERS.